“La vida es sueño”; la vestimenta


  • La ropa del Barroco:

El barroco esta considerado como el último gran estilo en Europa, este opone a la medida clásica, un complejo de gran variedad dinámica de formas y expresiones. En este periodo se produjo un rápido cambio de vestir, el gran poderío francés influyó en este cambio. La apariencia física fue un elemento determinante de las relaciones sociales durante el Siglo de oro. En este sentido, el vestido jugaba un papel fundamental, pues a simple vista permitía establecer una clasificación de los individuos y juzgar su posición social y económica.

El rey francés Luis XIII, un joven lleno de vitalidad y temperamento artístico comenzó a regir en Francia en esa época. Fue la principal influencia en el cambio de la ropa española. Comenzando por el color, el más usado era el negro, sobre todo entre los hombres, pues acentuaba el aspecto de seriedad que la mentalidad de la época requería. Se usó durante todo el período, excepto un corto lapso de tiempo durante el reinado de Felipe III en el que gustaron más los colores vivos.

La vestimenta de las personas de esa época se diferenciaba dependiendo del sexo y su clase social. Tenían las siguientes características:


-La ropa cortesana:



El vestido masculino



Este vestido masculino estaba compuesto por tres piezas: casaca, chupa y calzón, que son el antecedente, en el traje de hombre, de la chaqueta, el chaleco y el pantalón usado hasta nuestros días.

Describiendo las prendas que usaban los hombres, de dentro a fuera y de arriba abajo, podemos enumerar toda la ropa que llevaban encima. Sobre el cuerpo, la camisa, con cuello y manga larga. Desde la cintura hasta las rodillas, los calzoncillos.

Estas dos prendas eran de tela de lienzo; es decir, hecha de lino, más o menos fina según fuera la categoría social y la riqueza de sus dueños. Sobre las piernas, medias de seda, lana u algodón; las medias eran entonces muy importantes, con el calzón se veían siempre y unas pantorrillas bien formadas contribuían mucho al buen parecer masculino. Sobre la camisa los hombres ricos usaban la camisola, sin cuello, con una abertura sobre el pecho que se decoraba con la chorrera o guirindola, volante de tela fina o de encaje semejante al que adornaba también el final de las mangas largas.

Sobre esta ropa interior se ponían las tres piezas del traje. La chupa era una chaqueta larga, abierta por delante y cerrada de arriba abajo con botones, los superiores no se abrochaban para dejar ver la guirindola. En un principio tuvo mangas largas de la misma tela, pero pronto éstas se hicieron de tela más fina para que no abultaran tanto debajo de la casaca y después desaparecieron. La espalda tenía costura en el centro y estaba abierta en la parte de abajo, la que correspondía al faldón, muchas veces se empleaba para ella una tela más fina y más barata que la del resto de la prenda, lo que quiere decir que los hombres no se mostraban nunca en chupa en público.

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Los calzones llegaban desde la cintura hasta debajo de las rodillas. A principios de siglo la media tapaba la parte de debajo de los calzones subiendo por encima de la rodilla, pero ya durante el reinado de Fernando VI empezó a usarse el calzón por encima de la media rematado por una jarretera abrochada con una hebilla. Asimismo, a principios de siglo la chupa fue larga, llegaba casi hasta las rodillas y tapaba casi por completo el calzón, que era muy ancho y flojo por arriba, y se abrochaba con una bragueta en el centro de la cinturilla o con una tapa que montaba sobre ésta.


La casaca era la pieza exterior y la que más se veía. Era una chaqueta con cuello a la caja que llegaba hasta las rodillas, un poco más larga que la chupa. También se abrochaba de arriba abajo con botones por un lado y con grandes ojales por otro, aunque muchas veces ambos eran puramente decorativos; la mayor parte de ellos no se abrochaban. La espalda de la casaca tenía costura en medio y la parte inferior estaba abierta para permitir montar a caballo con facilidad –hay que recordar que este vestido fue en su origen una prenda para montar a caballo–. Con la misma finalidad de facilitar los movimientos la casaca tenía en los faldones a la altura de las caderas unos pliegues en forma de abanico sujetos en su parte superior por un botón. Toda la casaca estaba entretelada y armada, especialmente los pliegues de los faldones. La manga era ancha y llegaba por debajo del codo; al principio la manga de la chupa se doblaba sobre el final de la manga de la casaca, pero después la chupa ya no se veía y la manga de la casaca terminaba en una gran vuelta. Tanto la casaca como la chupa llevaban bolsillos de tapa a la altura de las caderas que tenían debajo grandes bolsillos ocultos por debajo del forro donde los hombres guardaban sus cosas.

Con este vestido los hombres a la moda llevaron grandes pelucas de pelo natural o de crin de caballo con bucles que caían sobre los hombros. Durante el reinado de Felipe V la raya era en medio y el pelo se elevaba mucho a los dos lados de ésta. El sombrero que todos usaron fue el tricornio o sombrero de tres picos, un sombrero de ala ancha recogida arriba en tres puntos. A principio de siglo se usó una gran corbata, un trozo de tela fina, generalmente terminada en encajes, que se anudaba flojamente sobre el cuello. Pronto entró en desuso y fue sustituida por el corbatín, una tira de tela fina plegada horizontalmente que se ponía tapando el cuello de la camisa y se abrochaba por detrás con una hebilla.

Para terminar con el vestido masculino, los hombres llevaron zapatos cerrados, generalmente de piel oscura, con un poco de tacón y cerrados por delante con dos lengüetas abrochadas con una hebilla.

Como complemento del vestido todos los caballeros llevaron espadín (en la corte era obligatorio usarlo) que se ponía en el lado derecho y que hacía que se abriese graciosamente uno de los pliegues laterales de la casaca.

Los vestidos masculinos se hicieron con telas ricas de seda y de vivos colores, adornados con bordados y galones de oro y plata. Contrasta mucho esta moda con el radicional vestido “a la española” de la época de los Austrias, negro y sobrio. En general, y aparte de esta moda peculiar española del siglo XVII, en toda la historia de la humanidad y hasta este siglo los vestidos masculinos habían sido más coloridos y vistosos que los de las mujeres; en estos años se igualaron y los dos sexos usaron sedas de colores, adornos y encajes.

El vestido masculino fue cambiando, lento aunque continuamente, de manera que la silueta era muy diferente a finales del siglo de la que había sido al principio.

Mery1.jpgCada vez los vestidos necesitaron menos tela, fueron más estilizados, los delanteros de las casacas, más abiertos y los pliegues de sus faldones, menos profundos, las chupas, más cortas y los calzones, más estrechos y pegados a las piernas. Lo único que se hizo más largo fueron las mangas, aunque lo suplieron siendo cada vez más estrechas. La peluca, o el pelo propio peinado de la misma forma, cambió; a partir de mediados de siglo tenía bucles altos laterales y el cabello se recogía atrás en una coleta que se solía meter dentro de una bolsa de seda negra cerrada con dos cintas negras que colgaban sobre el pecho que parecían una corbata, pero no lo eran. Como consecuencia de la falta de pelo sobre los hombros las casacas empezaron a tener un pequeño cuello de tirilla que se hizo más alto según pasaron los años. Las telas siguieron siendo de seda; los colores, muy delicados y los bordados, exquisitos y siempre en los mismos lugares: el cuello de tirilla, el borde de los delanteros de la casaca y de la chupa, las tapas de los bolsillos y sus alrededores, las vueltas de las mangas y la raja posterior de la casaca.

A partir de 1770 empezó a notarse en la indumentaria masculina la influencia inglesa, como ya había ocurrido en Francia; no en vano Inglaterra se estaba convirtiendo en el país más poderoso de Europa. Los ingleses estaban acostumbrados a vivir más en el campo y al aire libre y usaban trajes más cómodos y prácticos. Los hombres, aunque fueran de clase social alta, empezaron a usar trajes de paño oscuro sin bordados.

Una peculiaridad española fue la capa como prenda de abrigo. Todos los españoles la usaban, ricos y pobres. En el cuadro que se reproduce al fondo de la vitrina los vemos con ella, encima del vestido francés y acompañada del tricornio. A mediados de siglo llegó a su apogeo el rococó, ese estilo artístico tan característico del siglo XVIII, que, en cuanto al vestido, tuvo su representante más famosa en Madame de Pompadour, la amiga y consejera de Luis XV, casi siempre retratada con el vestido por excelencia de la época, la robe “à la française”. Como todas las robes era un vestido largo, abierto por delante y cerrado solamente en la cintura, y que de cintura para abajo dejaba ver una falda interior (brial en español) de la misma tela y de cintura para arriba, el peto. Era un vestido tan difícil y complicado de poner como los compuestos por casaca y basquiña y se usaba también sobre la cotilla y el tontillo. Su característica especial eran los pliegues que tenía en la espalda, que salían del escote y llegaban hasta el final de la cola; esta espalda amplia le daba un parecido con el vestido de estar en casa que usaban hombres y mujeres e hizo que en España se llamase “bata”. Estaba adornado, o guarnecido como se decía en el momento, en el peto, los frentes de los delanteros y los finales de las mangas, más que con bordados, con volantes de la misma tela, lazos, encajes, cintas, borlas, flores de tela…, como en la bata que se expone en la vitrina y que tiene incluso cestillos de paja en osa en los que se meten las flores. Ya no se veía la camisa interior en el escote y al final de las mangas, éstas terminaban en volantes de la misma tela sobre el codo y a ellos se cosían vuelos de encaje de uno, dos o tres órdenes.

El vestido femenino


Por lo que respecta a las mujeres, vamos a explicar también en primer lugar lo que llevaban bajo los vestidos, porque era muy importante para definir la silueta.

Pegada a la carne llevaban la camisa, larga hasta debajo de las rodillas y con mangas.

De la cintura a los tobillos, enaguas, y debajo, nada. Las dos prendas estaban hechas con tela de lino, más o menos fina.

Sobre el torso se usaba un cuerpo con ballenas, sin mangas, atado con cordones y terminado en haldetas para poder adaptarlo a la cintura: la cotilla.

Sobre las caderas , un armazón hecho con ballenas o con cañas que ahuecaba las faldas en los costados: el tontillo.

rococodress.jpg Sobre las piernas, medias de seda, lana u algodón, que tenían menos importancia que las de los hombres, pues no se veían casi nunca.

Durante los reinados de Felipe V y Fernando VI los vestidos más usados fueron los compuestos por casaca y basquiña (una falda) de la misma tela. Aunque en el resto de Europa eran más frecuentes los vestidos enteros, lo que nos descubren los documentos de la época y la gran abundancia de estas prendas que se conservan en los museos nos lleva a pensar que los vestidos preferidos en España fueron estos de dos piezas.

La casaca femenina estaba inspirada en la masculina: se abría por delante, tenía la misma abertura en la espalda, los mismos pliegues con su botón arriba en los faldones, las mismas tapas de los bolsillos y las mismas mangas con gran vuelta bajo el codo. Como diferencias: los faldones de las casacas de las mujeres estaban cortados a la altura de las caderas, los bolsillos eran fingidos y, ante todo, se cerraban de forma distinta. Hay en el Museo algunas casacas cerradas con cordones y tapa encima, pero la mayoría se abren en forma de “V” desde la cintura, espacio que se rellenaba con un trozo de la misma tela y, más a menudo, con una pieza triangular ricamente adornada llamada peto o petillo. El peto se fijaba con alfileres o se cosía sobre la cotilla y sobre él se prendía con alfileres o se cosía la casaca, lo que significaba que una señora no se podía vestir sola; hacía falta ayuda y tiempo para hacerlo.

La casaca se completaba con una basquiña o falda de la misma tela, muy ahuecada en las caderas por el tontillo, sobre la que se desplegaban los pliegues de los faldones.

Es curioso que, si bien se conservan muchas casacas, no haya perdurado ninguna basquiña. Esta ausencia creo que se debe a que las telas eran carísimas y las basquiñas tenían suficiente cantidad de tejido como para aprovecharlo y hacer otra prenda con él. Las basquiñas tenían unas aberturas por las que se accedía a las faltriqueras blancas que las mujeres colgaban de la cintura, sobre las enaguas, y donde guardaban sus cosas; no había bolsillos en estos años.

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Las ciencias avanzaron mucho, y entre ellas la Química, lo que permitió un mejor conocimiento de los tintes y el descubrimiento de colores más suaves y matizados.

Son colores típicos del estilo artístico más representativo del siglo, el rococó, especialmente ornamental, que alcanzó una de sus mejores expresiones en las artes decorativas, entre ellas el vestido. Avanzó mucho también en este siglo la industria textil, con la que precisamente empezó en Inglaterra la Revolución Industrial que se desarrollaría a lo largo del siglo XIX. Empezó a usarse mucho una fibra que hasta entonces se consideraba de inferior calidad, el algodón, además de las tradicionales seda, lana y lino. Los ingleses lo trajeron de la India convertido en telas estampadas y también en telas muy finas como la muselina y pronto empezaron ellos mismos a fabricarlas. El algodón, así convertido en tejidos estampados y coloridos, representó una revolución en el vestido: se convirtió en un tejido barato, asequible por lo tanto a mucha más gente, que podía usar ahora ropas vistosas que antes no se había podido permitir, con lo que se avanzó mucho en la democratización del vestido.

En cuanto a la muselina, yo creo que es la tela protagonista del siglo. Perseguida por las autoridades por ser tela extranjera y de poca duración, empezó a usarse para complementos como pañuelos y delantales (se llevaban como prendas de adorno) y terminó siendo, a fines de siglo, la tela con la que se hacían todos los vestidos.




i72919617_20406_5.jpgLas españolas siguieron siendo muy aficionadas a los vestidos de dos piezas, como los que se ven también, aunque siempre a falta de la falda, en la otra parte de la vitrina. Unos fueron al gusto francés, el deshabillé (definido con este nombre en los diccionarios de la época), con pliegues en la espalda como la bata. Más tarde se usaron cuerpos muy ceñidos a la espalda, como en la polonesa o el vaquero, con un amplio escote relleno por un pañuelo puesto muy abombado, y un faldón muy pequeño por detrás: los pierrots franceses o pirros, en español. Los cuerpos más numerosos se llamaron aquí jubones y siguieron la moda francesa en cuanto a formas de escote, mangas y telas, pero mantuvieron a menudo el corte en forma de haldetas en la cintura que les hacía más cercano a los gustos populares.

El pie femenino se calzaba con "chapines", una especie de chanclas muy elevadas con suela de madera y forradas de cordobán. Su misión era doble: ocultaban el pie en su interior y protegían a los zapatos del barro y la suciedad de la calle.

El pelo se llevaba recogido a capas con un alambre y con adornos, los peinados eran altos, se encontraban enrulados con un pequeño flequillo que asomaba y se adornaba con perlas.

Las joyas, siempre que fuera posible, completaban el panorama de la vestimenta. Guantes cortos y abrochados a las muñecas y medias cortas de seda cruda también completaban la vestimenta femenina.

En España la influencia francesa dio lugar, por efecto de rechazo, a un vestido con aire castizo, inmortalizado por Goya en sus cuadros: se trata del vestido de maja o goyesca, uno de los más favorecedores de todos los tiempos. Se trata de un traje compuesto de basquiña que llegaba a los tobillos, era de colores alegres y se adornaba con madroños de seda negros o con franjas horizontales de un color que hiciera contraste, el busto lo cubría un jubón negro o de una tonalidad que lo complementara y el pelo lo cubría una redecilla que lo retiraba de la cara, pero permitía que se viera.


-La ropa de la gente humilde:


La ropa era de muy mala calidad y solía estar sucia puesto a que era de mala calidad y no la lavaban muy a menudo. Los zapatos eran de cuero o lona

La moda femenina también dejaba ver la clase social a la que pertenecía el sujeto. Las mujeres humildes vestían faldas largas y lisas, sin adornos, combinadas con blusas o camisas sencillas. Normalmente se llevaba una pañoleta que cubría los hombros y se anudaba sobre el pecho. En épocas de frío, un manto de paño o lana proporcionaba algo de calor.

Los varones más humildes vestían calzones largos, no muy ajustados, que podían estar cortados por la rodilla. Completaba su vestimenta una camisa de lienzo, una capa y un sombrero de alas anchas y caídas, que servía para realizar un ceremonioso y complicado saludo. Las clases populares usan alpargatas.



Otros de los complementos que se utilizaban a la vestimenta femenina, tanto nobles damas como sencillas mujeres era el maquillaje. Coloretes, afeites, emplastos, etc. Cubren desde la parte inferior de los ojos hasta las orejas, cuello, escote y manos. Los labios se abrillantaban con ceras y la piel se blanqueaba con solimán, pues la piel morena o tostada daba a entender que el individuo trabajaba y no llevaba una vida ociosa y regalada, como era el ideal de vida.

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  • Vestimenta del Teatro Barroco:

A pesar de la importancia que en la representación cortesana se concede a todos

aquellos aspectos que contribuyen a crear un espectáculo de gran impacto visual, los textos teatrales de la época no ofrecen, por regla general, detalladas y exhaustivas acotaciones de vestuario, cuando es evidente que el vestuario, junto a los decorados y la elaboración de una compleja maquinaria escénica, son los puntales básicos sobre los que se asienta el edificio del espectáculo cortesana.

A pesar de los avatares a los que estaba sometida la profesión de actor, algunos actores de éxito y directores, sobre todo los pocos que obtenían del Consejo de Su Majestad la codiciada licencia para representar —oficializados como autores “de

título”—, podían llegar a reunir importantes “hatos” de vestuario, el bien más preciado de un actor en la época.



Calderón y el teatro:

A pesar de que una buena parte de las obras de Calderón fuese pensada para ser

estrenada en el marco de una fiesta cortesana, encontramos en general acotaciones de vestuario que, salvo excepciones, se muestran poco elaboradas. La mayor parte son

acotaciones indicativas del papel que representan los personajes.

En el teatro de Calderón abunda el personaje disfrazado de salvaje. Casi siempre las acotaciones son escuetas al indicar “vestido de pieles” como por ejemplo, en la obra de “La vida es sueño” esta acotación aparece en varias escenas refiriéndose a Segismundo. Esta aclaración tiene significados similares en las distintas escenas, quiere reflejar a un hombre salvaje debido al trato que ha tenido en su vida.

Otras de las características del teatro barroco era el de la mujer vestida de hombre, esa escena se solía sacar frecuentemente, no sólo porque tal disfraz favorecía las confusiones, sino que también resultaba muy erótico para los espectadores.



  • Vestimenta de los personajes

-Segismundo: Este personaje, es el protagonista de la obra. La primera escena en la que aparece, lo hace vestido de pieles, encerrado por su propio padre. Esta vestimenta lo representa como si fuese un animal salvaje ya como he mencionado antes por el trato que ha recibido durante su vida. Posteriormente, Segismundo es liberado y su padre le cuenta la verdad y quien es él. Al ser hijo del Rey Basilio, pertenece a la clase cortesana, por lo que sus vestimentas tendrían que ser las descritas anterior mente, de acuerdo con la época, pero se sigue mencionando el “vestido de pieles”. Por último, en la escena IX, vuelve a aparecer vestido con las mismas pieles salvajes, junto a soldados y Clarín. En esta parte de la obra va a luchar contra su padre, al comienzo de ella, se describe a sí mismo como una fiera, debido a la ropa que lleva y como se siente él, pero en realidad su comportamiento ya es el de un hombre ejemplar.



-Rosaura: Es otro de los principales personajes de la obra. Al comienzo de está, Rosaura aparece vestida con ropas de hombre: botas altas hasta la rodilla y seguramente con calzas de gamuza, ajustadas a las piernas, y con jubón de cuero, así mismo ceñido al cuerpo. Como he mencionado antes, esto era muy común en el teatro barroco, le daba un punto erótico, ya que estas ropas resaltaban los atributos corporales femeninos mejor que las vestiduras de las propias mujeres. Posteriormente, en la obra, Rosaura aparece vestida ya de mujer, con las ropas típicas de una dama noble descritas anteriormente. En la escena X, aparece vestida con un vaquero, un vestido de faldas largas que cubre todo el cuerpo y se ciñe por una abertura que tiene atrás. Este vestido, es un vestido lujoso, propio para un festejo y armada, está tejido por oro o plata.



Los siguientes personajes Basilio, Clotaldo, Astolfo, Estrella y Clarín, no se hace mención en la obra de las prendas que visten durante ella, pero al ser todos pertenecientes a la nobleza, visten con la ropa característica de esa época, descrita anteriormente. Basilio al ser el Rey, es el que más dinero y más poder posee, por lo cual, sus ropas serán las más majestuosas. En una escena de la obra se menciona la corona de laurel, dicha corona significa victoria, y Basilio le comenta a Segismundo que no conseguirá poseerla hasta que no triunfe sobre sus adversarios. Esta corona era un complemento importante en la vestimenta de los Reyes.